viernes, 28 de noviembre de 2014

Desde Budapest con muchas ganas de empezar.


Al fin la espera ha dado sus frutos y puedo escribir las líneas que dan comienzo a este nuevo proyecto que con tanta ilusión preparaba. Mi pequeño cuaderno de viajes: From Tusk With Love.

Esta semana he llegado de mi viaje post verano a Budapest y Praga dos ciudades de las que se podría pensar que son muy parecidas pero que poco tienen que ver la una con la otra. 

La experiencia empezó el lunes 17 de noviembre. Salimos  del aeropuerto de Barcelona y volamos con Wizz Air, una compañía Húngara low cost de la que no tenemos queja alguna, todo perfecto. En poco más de dos horas nos plantamos en el aeropuerto de Budapest donde ya nos esperaba la furgoneta que siempre contratamos para los desplazamientos desde/ a aeropuertos a/desde el hotel. Eramos 8 personas con 8 maletones en una furgoneta para 8 con maletero para 8 maletitas... os podéis imaginar cómo fue el trayecto... de todo menos cómodo. No obstante nos sirvió de nota mental: contratar siempre (por si las moscas) una furgoneta con un par de plazas más de las que realmente se van a ocupar con personas.

Las calles, cada vez más repletas de edificios señoriales, nos indicaron que poco faltaba para llegar a nuestro destino. ¡Qué lástima que sea tan costoso lavar la cara a todas las fachadas! No quiero ni imaginarme lo espectaculares que serían, también, las afueras de Pest con todo bien conservado.



Llegamos al Atrium Fashion Hotel, nuestra casa durante 4 noches . ¿Qué puedo decir del hotel? Me sorprendió nada más entrar. Al pasar la recepción llegas a un patio de luces blanco inmaculado con detalles en verde pistacho y turquesa. Ese patio sirve de distribuidor de habitaciones, como si de un patio andaluz se tratara, por pasillos nieve con barandillas de forja plateada...Una combinación chulísima de modernidad minimal y estilo clásico. En el patio está el comedor con un buffet de desayuno bastante variado.




Tras instalarnos fuimos en metro hasta Kálvin Ter, donde se encuentra la iglesia Calvinista. Nosotros no la visitamos... ¡no hay tiempo para todo!. De allí fuimos hasta el mercado, un lugar totalmente enfocado al visitante con puestos de venta de fruta y verdura, embutidos, carnes, lácteos y dulces. No lo recorrí todo y no se si venden también pescado pero yo no lo vi. La paprika, como ingrediente básico en la cocina húngara, colgaba en todas partes. Los puestos son prácticamente clones los unos de los otros pero dan al lugar colorido y lo hacen agradable para un paseo.





En la parte superior hay bares restaurante y puestos de comida. Llegamos con tanta hambre que lo más grasiento que vimos fue lo que nos llamó la atención: un pincho extra largo de frankfurt cubierto de queso fundido y gratinado y enrollado con bacon crujiente... con una cerveza suave de las autóctonas nos supo a gloria. No obstante hay que tener en cuenta la picaresca. Pedí la nota  (por que eramos muchos y el proceso de pedido había sido un tanto desordenado) y vi que no estaba reflejado por precios distintos ni platos, era una cuenta con el precio final. Así que por ocho cervezas un bocadillo (enorme, eso si), 6 pinchos y una "mini ensalada" griega pagamos 82 euros (9 euros por persona). Aconsejo que preguntéis los precios antes de pedir para evitar sorpresas o saber a ciencia cierta si os han cobrado de más o no.

En la primera planta, también hay tiendas de recuerdos, huevos de madera pintados, adornos de navidad, bolsos y guantes de cuero, blusas y chaquetas bordadas de flores y manteles de ganchillo bordados. Hay maravillas y los precios no son demasiado altos. Además casi todos los comerciantes te ayudan con la moneda explicándote lo que te dan al devolverte el cambio. También puedes pagar con euro pero atento al cambio que te hacen ya que puede no beneficiarte en absoluto.




Con el estómago lleno y habiendo tanteado el terreno para las compras del último día fuimos dando un paseo de reconocimiento por la orilla del río, des de el puente de la libertad (para mí, el más bonito de los que comunican el lado de Pest con Buda) hasta el Puente de Isabel y de allí, cuando ya empezaba a oscurecer, paseamos hasta llegar al famoso Puente de las Cadenas. 




Al encenderse las luces de la ciudad todo fue mucho más elegante y majestuoso.  Budapest puede presumir de muchas cosas y la iluminación es, sin duda, una de ellas. Cada edificio histórico, cada monumento, iglesia, puente... está iluminado por cañones de luz des de cada uno de sus ángulos. La panorámica de la ciudad al atardecer es espectacular. 



Vista del puente de la Libertad desde uno de los muelles del Danubio.
Al fondo se ve en Hotel Balneario Gellert.
Puente de Isabel y estatua de San Gellert
Vistas del Palacio Real

El famoso Puente de las Cadenas que unió las ciudades de Buda y Pest, custodiado por leones.
Cuenta la leyenda que finalizadas las esculturas el artista vio horrorizado que había olvidado las lenguas y, no pudiendo soportar su error, se arrojó al Danubio.
Ante el Puente de las Cadenas luce el Palacio Gresham, edificio que alberga el Four Seasons en Budapest.

Mientras esperábamos  la hora de la cena por el Danubio que teníamos contratada, tomamos unas cervezas en un bar de la Calle Zrínyi no sin antes deleitarnos con la vista de la Basílica de San Esteban mientras avanzábamos por la misma. 




A las 18.00 llegamos al Palacio Danubio, donde nos esperaba el guía hacia el barco (desde la web se pueden contratar distintas actividades). El crucero duró una hora y media, se hizo muy corto teniendo en cuenta que cenábamos ahí. Ni siquiera hubo tiempo para subir a cubierta para hacer cuatro fotos. La cena no estuvo mal. Era Self Service, con platos de la cocina tradicional Húngara. Siendo nuestro primer día en la ciudad, nos brindó la oportunidad de degustar los platos y decidir cuales pediríamos otro día y cuales no. Ahora sí, de todas las veces que he pedido Goulash, ninguno como aquella sopa. Muy bueno. De todas formas, no recomiendo este crucero cena. 

Tras la agradable cena, amenizada por un cuarteto de cuerda (no demasiado inspirado), volvimos a nuestra habitación y descansamos para el día siguiente. ¡Cuantísimas cosas quedaban por ver! ¡Cuantísimas cosas me quedan por contar!


¿Os lo vais a perder?






Tusk.